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El prestigioso neurocirujano Jack Stern hablando sobre los beneficios de la Técnica Alexander.

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Jack Stern es un prestigioso neurocirujano de New York, y en este reportaje realizado por Robert Rickover comparte sus puntos de vista acerca de los beneficios que brinda la Técnica Alexander para aquellas personas que sufren de dolores de espalda.

Puedes acceder al reportaje a travez de este LINK.

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Eso que hacemos

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Muchas veces me encuentro ante la siguiente pregunta por parte de algunos alumnos que se acercan a la Técnica Alexander: ¿Que tipo de ejercicio, deporte o actividad me recomiendas para hacer?.

Siempre agradezco la confianza que me prodigan respecto a la claridad que yo podría llegar a tener acerca de que actividad “física” podría recomendarles para realizar. Pero así como agradezco la confianza, también me encuentro ante la situación de tener que aclarar que la respuesta que les voy a dar, tal vez no sea exactamente aquella que ellos esperan recibir.

Entiendo que la recomendación que se me esta pidiendo, tiene que ver con la búsqueda de alguna práctica, clase, o actividad física que podamos realizar algunas veces por semana, durante un tiempo determinado cada vez; con el objetivo de, gracias a esa actividad, sentirnos mejor, estar menos contracturados, sentirnos mas fuertes y saludables, etc.

No me cabe la menor duda, que son muchas, muchísimas las actividades que hechas con atención y conciencia pueden resultar enormemente positivas y constructivas para nuestro bienestar. Bailar, caminar, nadar, practicar yoga, tai chi chuan, un arte marcial o correr son solo unos pocos ejemplos posibles. Pero el punto sobre el que mas me interesa llamar la atención de mis alumnos cuando me realizan esa pregunta es, que la mejor actividad que podemos realizar para sentirnos mejor, es justamente aquello que realizamos cada día, a cada instante, de manera constante; es decir lo mejor que podemos hacer es aquello que hacemos. Tan solo precisamos llevar nuestra atención a como lo hacemos.

La idea de que aquello que hacemos es decir nuestro quehacer cotidiano no es una actividad de la cual podemos obtener nuestro bienestar; o peor aun, pensar que es ese quehacer el que nos genera dolencias y malestar, es justamente el problema.

Disponemos a cada instante de la posibilidad de generar la condiciones adecuadas para que, aquello que hacemos nos beneficie. Solo se trata de observar y traer a la conciencia el hecho de que constantemente nos estamos utilizando, y que es en ese uso que hacemos de nosotros mismos, de nuestro organismo como una totalidad donde tenemos la posibilidad de regalarnos una actividad que nos beneficie o no.

Caminamos, corremos, nos plegamos para ir a sentarnos, nos desplegamos al pararnos, utilizamos nuestros brazos de manera constante, respiramos, nos agachamos, vamos a puntas de pie, subimos y bajamos escaleras, etc. Nos movemos. Todo el tiempo nos movemos. Incluso en aquellos momento que creemos estar quietos el movimento esta presente.

Es allí donde me interesa llevar la atención. Es ese movernos que nos propone lo cotidiano donde realmente tenemos la posibilidad de hacer “algo que nos haga bien”.

La Técnica Alexander pone su foco precisamente allí, en la manera en que nos usamos. No en un momento especifico o en una actividad determinada durante un tiempo determinado, sino en la manera que nos usamos en cada una de las actividades que realizamos, incluso en aquellas mas sencillas.

Es esta conciencia y entendimiento acerca de la manera en que nos usamos, la que también podremos llevar a cada practica, ejercicio físico, deporte o actividad recreativa que queramos hacer “para sentirnos mejor”.

Por eso, cuando me preguntan “ ¿que tipo de ejercicio, deporte o actividad me recomiendas para hacer?” muchas veces creo que la mejor respuesta que puedo dar es, “Creo que lo mejor que puedes hacer es… eso que tu haces. Solo es cuestión de comprender lo importante que es eso que ya haces”.

El viento (una metafora)

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Veo este árbol en el cuál el viento va quedando expresado y pienso en el tiempo. El tiempo que va siendo, que va ocurriendo en este lugar ventoso. Ese tiempo en el que se han ido sumando a cada instante al menos dos voluntades, la del árbol y la del viento. El árbol quiere crecer y expandirse. El viento también tiene su propia voluntad, la de viajar y trasladarse. Está suma de voluntades ha resultado  lo que hoy es, con su particular forma, este árbol.

Estamos observando una foto, no oímos el sonido ni sentimos el viento, pero podemos saber con tan sólo observar esta foto, que el viento ha soplado con constante insistencia. Podemos saber del tiempo, del entorno, de la fuerza por subsistir y de la constante influencia que el viento ha sido para el árbol.

Pienso ahora en nuestro propio organismo, en nuestra propia existencia. Pienso en nuestro cuerpo y estructura como manifestación de aquella misma voluntad de crecer que vemos expresada en el árbol y su forma. Si nos detuvieramos a observar la enorme y maravillosa variedad de formas, curvas, proporciones y relaciones que se manifiestan en cada hombre y mujer, podríamos tal vez también ver algo del viento, de la constante a la que cada uno de nosotros nos hemos visto sometidos a los largo del tiempo. Por supuesto que no me refiero a las diferentes características dadas por la herencia o la genética (altura, rasgos, color de ojos, etc), sino a aquellas características dadas por nuestra propia manera de vincularnos con el constante estímulo de vivir. Me refiero tanto a aquellos estímulos que provienen del exterior como podrían ser, la gravedad, el clima, los ruidos, el vínculo con los otros, con el entorno, un accidente, etc; así como tambien a aquellos estímulos que surgen de nuestro propio interior, nuestras emociones, deseos, pensamientos, etc. Nos es absolutamente imposible dividir estímulos externos de internos, justamente porque estos se encuentran íntimamente relacionados entre sí, el uno es con y por el otro.

Podríamos decir entonces que somos el árbol, pero tambien el viento. El viento en tanto aquellos estímulos, internos y externos, con los que nuestra voluntad de crecer se va encontrando y, más importante aún, reaccionando. Es esa reacción o respuesta al viento la que determinará nuestra posibilidad de bienestar.

Pienso entonces que nosotros, conscientemente o no, somos el viento o al menos parte del viento. Y es siendo conscientes de esa parte del viento que nos toca ser, como tendremos la posibilidad de elegir. Podemos permitir y habilitar aquellas brisas que nos facilitan el crecimiento y la expansión o prevenir aquellas rafagas que nos aplastan, angostan o acortan.

Quienes hayan tomado alguna clase de Técnica Alexander, comprenderán, talvez,  la importancia de nuestro propio pensamiento; la importancia de, por medio de este pensamiento, prevenirnos de aquellos vientos que no queremos que soplen. No queremos un viento que nos desequilibre, ni uno que nos aplaste; queremos un viento que nos invite a expandir y a crecer. Es en ese área, creo yo, en la que la Técnica Alexander nos permite elegir, elegir hacia donde queremos que el viento sople.

Como mata el viento norte
(Charly Garcia/1976)

Como mata el viento norte cuando agosto esta en el dia
y el espacio nuestros cuepos ilumina.
Un mendigo muestra joyas a los ciegos en la esquina,
y un cachorro del señor nos alucina.
Hablame solo de nubes y sal,
no quiero saber nada con la miseria del mundo hoy.
Hoy es un buen dia, hay algo de paz,
la tierra es nuestra hermana…
Marte nos cede el poder del sol,
venus nos enamora, la luna sabe de su atraccion.
Mientras nosotros morimos aqui,
con los ojos cerrados, no vemos mas que nuestra nariz.
Como mata el viento norte cuando agosto esta en el dia
y el espacio nuestros cuerpos ilumina.
Señor noche se mi cuna, se mi dia,
mi pequeña almita baila de alegria…

Arqueología

Este texto lo escribí para cuando me gradue como profesor de Técnica Alexander en el año 2009. Un pequeño relato del camino recorrido . 
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Cuando era chico quería ser Arqueólogo, me fascinaban aquellos descubrimientos de civilizaciones pasadas, realizados por pacientes aventureros, que luego de años de búsqueda y múltiples excavaciones en lo profundo del terreno encontraban inmaculados tesoros, vasijas, templos y monumentos. Múltiples rastros a partir de los cuales podíamos conocer las costumbres de aquellos pueblos que habitaron este mismo suelo, hacia ya tantos siglos. Leía con pasión el libro “El Maravilloso mundo de la arqueología” y había tenido la suerte de visitar algunos de los descubrimientos que ese libro relataba.

Luego la vida me fue llevando por distintos caminos, a veces entendiendo en que consistía ese camino, pero creo yo que la mayoría de las veces simplemente iba siguiendo un vago sendero casi siempre desconocido. Y entonces la fantasía de la arqueología en algún momento se convirtió en la también fantasía de la oceanografía. Aún era muy joven de modo que no sabia bien que era exactamente la oceanografía pero al menos compartía cierta búsqueda en oscuras profundidades.

Luego vino el teatro, donde me encontré con muchos compañeros, futuros actores, que también habían fantaseado con la arqueología. Creía entonces ya entrever que la arqueología podía estar representando esa idea de descubrimiento y reencuentro con algo que alguna vez nos había pertenecido pero que de un modo u otro creíamos que se encontraba perdido. De todos modos cuando finalice mis estudios en el conservatorio, el oficio de actor se me hacia aun complejo, en aquel momento tenia la clara sensación de que precisaba trabajar sobre alguna materia que que no fuera yo mismo, precisaba tomar distancia, poder ver ahí afuera aquello sobre lo que estuviera trabajando. Lo complejo del oficio del actor, al menos para mi, es el hecho de uno ser al mismo tiempo instrumento y ejecutante de ese instrumento. Instrumento, no solo como cuerpo y voz, sino también el instrumento de la emoción, la reflexión, la creatividad, la inteligencia. A pesar de aquellos años de estudio, aun me sentía perdido y un fuerte instinto realista me llevo a armar lo que termino siendo por 20 años mi trabajo, una productora audiovisual.

El vago sendero se siguió mostrando y luego de varios años de trabajar, trabajar y trabajar en aquel oficio que me había inventado, aquellas ganas de volver a buscar y explorar en mi mismo se hicieron cada vez mas presentes. Y apareció la danza, mas precisamente la danza del contact improvisation, allí comenzó un nuevo ciclo de investigación, un encuentro con el movimiento, la creatividad dentro del movimiento, la música dentro del movimiento, la reflexión dentro del movimiento, la meditación dentro del movimiento. Todo esto ocurría de un modo simple, explorando con el peso, el equilibrio, las fuerzas, los apoyos, las direcciones, la gravedad. Conceptos sencillos que se irían resignificando a lo largo del tiempo.

Que increíble que puede resultar cualquier sendero, por mas vago que sea. Fue jugar con la gravedad, fue sufrir alguna lesión, fue recibir un sano consejo y un día me encuentro tomando clases de Técnica Alexander. El sendero continua, pasan algunos años y misteriosamente me encuentro diciendo que sí, que voy a hacer la formación para ser profesor de Técnica Alexander, lo pienso hoy y aun me resulta misterioso.

Y es aquí que vuelvo a la arqueología, estoy en la escuela de formación de profesores, a pocos días de graduarme y pienso… “Soy arqueólogo!”, me emociono “Soy arqueólogo” ya no lo dudo “Soy arqueólogo”. Y es que eso es lo que siento muchas veces mientras trabajo, observo y reflexiono dentro de este pequeño universo propuesto por la Técnica Alexander. Estoy explorando, limpiando el terreno, rumbo a lo desconocido. Me veo machete en mano, limpiando el camino, alivianandolo, quitando aquella maleza acumulada por los años. Y a medida que la maleza es retirada, o antiguas capas de polvo se van apartando, a un costado van surgiendo, cuidadosamente, templos y tesoros. Claro, no son templos ni tesoros de antiguas civilizaciones, no son descubiertos para seguir completando museos y enciclopedias, son templos y tesoros de los mas cercanos, tesoros que se revelan disponibles para acompañarnos nuevamente en cada momento, cada día. Instrumentos que nos devuelven una sencilla integridad.

Se que aun es poco el terreno explorado, aun hay mucho por descubrir, pero tengo la certeza de que esta aquí, muy cerca. He descubierto una pelvis y creo que es mía, un raro espécimen de Diegokantropus. Es poco, pero ahora dispongo de los medios para seguir esta aventura, tengo nuevas herramientas, sencillas, claras, honestas. Esto es lo maravilloso del trabajo de Alexander, no nos brinda grandes premisas ni formas estancas, simplemente nos devuelve un par de simples herramientas, aquellas que siempre fueron nuestras y tal vez para algunos como yo, habían sido olvidadas.

Hoy por fin soy Arquelogo, voy a jugar a mi sueño, voy a calzarme el sombrero de Indiana Jones sobre mi cabeza, mi espalda, mis dos piernas y como dijo Alexander, tratar de “tener siempre algo para mirar en mi horizonte”.

Buenos Aires, Mayo 2009